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Aditivos alimentarios

Publicado por: sinBIOsis SL En: jueves, noviembre 3, 2016 Comentario: 0 Hit: 840

Aditivos alimentarios

Aditivos alimentarios

Por Cristina Borrero

 

¡¡Buenos días!! ¿Qué tal? ¿Cómo lo lleváis?

Hoy vamos a hablar de otro tema muy interesante y que estoy segura que os va a gustar mucho a todos. Las personas que estamos interesadas en una alimentación natural, ecológica, libre de sustancias químicas y artificiales, de algún modo u otro hemos leído u oído hablar de los aditivos alimentarios. Y de algún modo u otro, tenemos en nuestra cabecita una alarma que empieza a sonar en cuanto que damos la vuelta a un envase y aparece un código E-XXX, ¿verdad?

Pues bien, en el artículo de hoy vamos a hablar un poquito sobre ellos: qué son los aditivos alimentarios y por qué se utilizan. Veremos su relación con la salud, posibles alternativas y si está justificado su uso, especialmente cuando queremos llevar una dieta natural basada en alimentos reales.

Pero antes de empezar, dejadme que os haga una pregunta: ¿Sabéis si se deben o se pueden utilizar aditivos en los productos ecológicos? ¿Qué pensáis? Dejad vuestra opinión en los comentarios y seguid atentos al blog para saber la respuesta ;)

 

Entonces, ¿qué son los aditivos alimentarios?

En primer lugar, los aditivos alimentarios son sustancias que se añaden intencionadamente a los alimentos para modificar algunas de sus propiedades organolépticas (color, sabor, olor, textura…) y/o mejorar el proceso de elaboración o conservación. Pero, y esto es importante, no constituyen por sí mismas un alimento, ni tienen valor nutricional o energético.

Aunque es cierto que el empleo de los aditivos significa una ganancia para el fabricante (mejorando la textura o la vida útil de un producto, por ejemplo), también lo significa para el consumidor, en cuanto que el producto puede convertirse en un producto más seguro para el consumo humano.

Si bien es cierto que en los últimos años el despunte de la alimentación artificial y los productos procesados ha disparado el uso de este tipo de sustancias, no todos los aditivos son sustancias químicas peligrosas y de reciente utilización.

Por ejemplo, hay aditivos que se llevan utilizando desde hace años. Pensad en el poder conservante de la vitamina C, utilizada desde antaño para conservar confituras y conservas (seguramente muchos recordaréis cómo nuestras abuelas conservaban las mermeladas con un buen chorro de zumo de limón). O, yéndonos un poco más lejos en la historia, pensad en el poder que tenía la sal o el humo en la conservación de alimentos (métodos que aún hoy se siguen utilizando), especialmente carnes y pescados (se me va la imaginación a esas travesías marinas, en las cuales prácticamente se aprovisionaban de salazones y carnes secas, además de alguna que otra galleta dura y queso). Los romanos, por su parte, salpimentaban sus alimentos para aumentar su vida útil y también los egipcios se valían de sustancias como colorantes para aumentar el atractivo de sus platos.

Por tanto, los aditivos alimentarios, aunque estén muy en boca de todos últimamente y se hayan ganado una de las peores posiciones en el ranking de la alimentación moderna, no son un invento moderno ni tienen por qué ser sustancias tóxicas o artificiales. Por otra parte sí es cierto que con el avance de la tecnología y la ciencia el uso de aditivos alimentarios se ha extendido ampliamente, sobre todo en productos procesados, precocinados y de bajo valor nutricional.

Lo más sensato en este punto es estudiar los tipos que tenemos y para qué se utilizan y valorar si el aditivo es un aditivo sintético o natural que el alimento realmente necesita.

 

Justificación de su uso.

Fundamentalmente su uso se justifica en lo económico y lo social. Si utilizamos un aditivo alimentario y esto mejora la salubridad del producto, haciendo que su vida útil sea mayor y que el consumidor por tanto tenga más disponibilidad, esto permite que tanto la industria alimentaria como el consumidor ganen. La industria puede crear con materia prima más barata, hay mayor aprovechamiento del producto y puede permitirse bajar los precios. Por su parte, el consumidor obtiene un producto más seguro, más atractivo y con mayor disponibilidad (pensad en una conserva de tomate por ejemplo, que podemos encontrar en el mercado en cualquier momento, a pesar de que se haya elaborado X meses antes).

Sin embargo, no podemos olvidarnos del alimento como un todo. A veces nos centramos solo en el listado de nutrientes y sustancias añadidas y nos olvidamos de qué estamos comprando, a qué sabe, cómo se cocina... Es absurdo simplemente limitar el poder nutricional de un alimento al recuento de calorías o al contenido de determinado aditivo. Por supuesto que cuantas menos sustancias añadidas tenga un producto más sano será, pero la idea global es retomar el concepto de alimento en sí, no tanto de un listado de características técnicas. Y para ello, hay que tratar de consumir más alimentos naturales, que precisamente son los que menos aditivos contienen, y procurar que nuestra alimentación se forje en nuestras cocinas no en factorías.

 

Tipos de aditivos.

En Europa tenemos un sistema de clasificación de los aditivos a través de un código: la letra E seguida de 3 o 4 cifras numéricas. Según el primer número que aparece después de la E, tenemos los diferentes grupos (si quieres revisar las propiedades de cada uno, echa un vistazo a este link):

  1. COLORANTES. Por ejemplo, la curcumina es el E-100, el caramelo natural E-150a y el oro el E-175. Básicamente, estos aditivos se encargan de modificar el color del alimento original, mejorándolo o cambiándolo. Sin colorantes, la margarina no sería amarilla, la Coca-cola® no sería marrón ni el helado de menta sería verde.
  2. CONSERVANTES. Como el sorbato potásico E-202, sulfito sódico E-221 o los nitritos y nitratos potásicos y sódicos (E-249, E-250, E-251 y E-252). Estos aditivos prolongan la vida útil del alimento y lo protegen contra determinados microorganismos. Se emplean extensamente en carnes y derivados cárnicos, vinos, quesos, frutas desecadas e incluso en cosméticos.
  3. ANTIOXIDANTES. Dentro de este grupo encontramos el ácido ascórbico o E-300, el alfa-tocoferol, E-307, o el extracto de romero, E-392, por ejemplo. La función de los antioxidantes  es prolongar la vida útil del alimento protegiéndolo frente a la oxidación. Alimentos naturales como la fruta o el aceite de oliva ya contienen suficientes antioxidantes que los protegen de la oxidación y agresiones externas (de hecho la vitamina C o la E son antioxidantes naturales). Pero se emplean industrialmente para que ese efecto perdure. Especialmente se emplea en productos que contienen grasas (masas de galletas, snacks y patatas fritas…), que sin antioxidantes se enranciarían pronto perdiendo su sabor y reduciendo su vida útil.
  4. GELIFICANTES, ESPESANTES y ESTABILIZANTES. Este es un grupo un poco más extenso, donde se encuentran por ejemplo el agar-agar (E-406), la goma xantana (E-415) o la metilcelulosa (E-461), entre otros. Es un grupo un poco más heterogéneo, ya que incluye diferentes familias y tipos de aditivos (y sus derivados). Sin embargo, su función principal se resume en proporcionar textura a los alimentos. Por ejemplo, el agar-agar se utiliza ampliamente en sopas y helados, como espesante. La goma xantana seguro que os suena por los chicles y la metilcelulosa (proviene de las fibras del algodón) se emplea ampliamente en productos sin gluten, como sopas, salsas, panes… para dar textura y efecto “fibroso”.
  5. Dentro de este grupo también se encuentran diferentes familias de aditivos. Los CARBONATOS, CLORUROS, SULFATOS e HIDRÓXIDOS. Se emplean como antiaglutinantes (evitando tendencia a apelmazarse, como el carbonato de sodio o E-500, ampliamente empleado en bollería y pastelería), estabilizantes como el cloruro de estaño o E-512 (utilizado en conservas de espárragos blancos) y correctores de acidez, como el hidróxido de potasio o E-525, encontrado en margarinas, licores, helados, mermeladas, etc.
  6. POTENCIADORES DEL SABOR. Como su propia denominación indica, estos aditivos potencian el sabor del alimento sin añadir sabor propio. Uno de los más conocidos es el glutamato monosódico o E-621.
  • Por último, hay una serie de aditivos que no tienen un grupo concreto identificado con un código. Es el grupo variado, que incluye códigos que empiezan por el número 5, 6 o 9, donde encontramos los edulcorantes, gelificantes, agentes de recubrimiento o ceras, entre otros. Por poneros algunos ejemplos, dentro del grupo misceláneo se cuenta la cera de abeja, E-901 (empleada para recubrir fruta, por ejemplo y potenciar el brillo), la lanolina o E-913, que se emplea como agente de glaseado en dulces y bollería, y también en cosméticos; el acesulfamo-K o E-950, ampliamente conocido y de uso extendido en refrescos y alimentos dietéticos; o la lisozima, E-1105, empleada en quesos y productos untables.

 

Problemas de los aditivos, controversia.

Aunque los organismos que velan por nuestra seguridad y nuestra salud aseguran que si consumimos los aditivos en las dosis indicadas son totalmente inofensivos, lo cierto es que hay determinados aditivos que si se consumen durante largos períodos de tiempo o en grandes cantidades, sí que son sospechosos de causar toxicidad.

Y decimos sospechosos porque lamentablemente, no tenemos suficientes estudios realizados con humanos y llevados a cabo durante largos períodos de tiempo como para que se establezcan relaciones decisivas. Sin embargo, la documentación que tenemos sobre estudios con ratones o a corto plazo en humanos, ponen en el punto de mira a los siguientes aditivos:

  1. Colorantes. Muy relacionados con reacciones de hiperactividad en niños, eczemas, urticaria, insomnio o asma, especialmente la tartracina (E-102) y el resto de colorantes sintéticos derivados del petróleo, muy utilizados en dulces, golosinas, bollería, salsas, refrescos… es decir, productos de alto consumo en niños (crisoína o E-103, amarillo de quinoleína o E-104, amarillo 2G o E-107 o amarillo ocaso o E-110, azorrubina o E-122, el amaranto o E-123, punceau 4R o E-124, punceau SX o E-125…). Sin embargo, no significa que solo los colorantes sintéticos den problemas, también los naturales como el rojo carmín o E-120a o el rojo cochinilla o E-120b, provocan las mismas complicaciones. Aunque los estudios no son tajantes (repito para que no hayan malentendidos), al menos yo lo tengo claro y os lanzo esta pregunta: habiendo otras alternativas libres de colorantes artificiales, ¿por qué poner a nuestros hijos en riesgos innecesarios dándoles este tipo de productos? ¿No es sorprendente que en los últimos años se hayan exacerbado los casos de alergias y asma infantil? ¿No podríamos emplear colorantes naturales para hacer divertidas las comidas de nuestros hijos sin poner en riesgo su salud? Y pienso en colorantes totalmente inofensivos como la cúrcuma, páprika o extracto de pimiento, los licopenos, carotenoides o la clorofila, sin ir más lejos.
  2. Conservantes. Dentro de este grupo los más comprometidos son los nitratos y nitritos (del E-249 al E-252), empleados extensamente en carnes y derivados cárnicos. Por sí mismos no son tóxicos, sin embargo, en el proceso de fabricación del alimento o durante la digestión, estos compuestos se transforman en nitrosaminas, altamente carcinogénicas y asociadas a determinados cánceres (digestivos y de páncreas). Sin embargo, el papel de estos aditivos es importante, ya que se emplean para inhibir la proliferación de toxinas como el Clostridium botulinum, causantes del botulismo.
  3. Antioxidantes. Dentro de este grupo encontramos controversia especialmente con los acidificantes, como el ácido fosfórico o E-338 y los ortofosfatos (del E-339 al E-343), muy utilizados en refrescos y bebidas gaseosas. Parece que están relacionados con riesgo de padecer osteoporosis (a largo plazo generan desequilibrios minerales en el organismo), hiperactividad y problemas digestivos.  El E-310 (galato de propilo), el E-311 (galato de octilo), el E-312 (galato de dodecilo) o el E-320 (BHA) tampoco se recomiendan, especialmente en niños y embarazadas. Pueden producir hiperactividad, asma, insomnio, problemas hepáticos, renales, alergia, linfomas y cáncer. Y los podemos encontrar en sopas y sobres para reconstituir, cereales de desayuno, bollería, leche en polvo o chicles.
  4. Espesantes.  Destacan el E-430 (estearato polioxietileno-8) y E-431 (estearato polioxietileno-40), prohibidos en Estados Unidos y Europa desde 1952. Su consumo está relacionado con reacciones cutáneas y problemas digestivos (a corto plazo), hasta cálculos renales y en la vejiga (consumo prolongado). Con los difosfatos (E-450) que encontramos en chicles, refrescos y productos lácteos (se utilizan para dar consistencia), pasa un poco como con los ortofosfatos del grupo anterior: están relacionados con hiperactividad y problemas digestivos y, a largo plazo, desequilibrios minerales en el organismo.

Otro argumento a favor de limitar el consumo de aditivos es la discordancia que existe entre organismos, que al final son los que deciden por nosotros si un aditivo es adecuado o inocuo para el consumo. Si la FDA (organismo que regula la normativa relativa al consumo de aditivos alimentarios en Estados Unidos) permite un tipo de aditivo y la Comisión Europea (o el organismo encargado en cada país) lo permite, o viceversa… ¿No son razones más que suficientes para recelar de ese aditivo?

Sin ir más lejos, en Estados Unidos el amaranto o E-123 está prohibido desde 1976, mientras que otros países como Rusia lo siguen utilizando para fabricar caramelos. Otro ejemplo, en Francia, la hexamina o E-239, un conservante utilizado en conservas de pescado y que se obtiene por síntesis del formaldehido y amoníaco, también está prohibido, mientras que se sigue usando en otros países y parece que a largo plazo podría resultar cancerígeno.

A la inversa, un aditivo prohibido en muchos países (incluido Estados Unidos) pero que es España se sigue utilizando es el tetraborato de sodio, bórax o E-285. Es un conservante empleado en caviar y conservas de pescado que la OMS cataloga como inaceptable y peligroso, ya que afecta a las células cerebrales inhibiendo la síntesis de glutamina (Además, a largo plazo, está implicado en la aparición de cáncer de hígado).

Pero no solo resultan tóxicos a la hora de desarrollar o empeorar una enfermedad. Hay aditivos muy controvertidos como los edulcorantes artificiales (sacarina, ciclamato, acesulfamo…) o los potenciadores del sabor (como el glutamato) que también alteran nuestras señales de saciedad y del gusto. Bloquean nuestros controles cerebrales de hambre-saciedad y nuestras papilas gustativas. La consecuencia de esto es que se originan problemas metabólicos en las personas que los consumen, descompensando los mecanismos de balance energético. Esto explica por ejemplo porqué las personas que consumen refrescos light o utilizan desmesuradamente edulcorantes, no pierden peso, incluso pueden ganarlo. Se descompensan los mecanismos de ajuste metabólico, a pesar de no aportar calorías. Sin embargo, nuestro cuerpo no entiende esa situación (ya que el sabor dulce lo tenemos asociado a aporte energético) y sigue tratando de buscar una homeostasis. Además, rizando un poco más el rizo, parece que todo esto está respaldado por nuestra microbiota intestinal, que se ve afectada por el consumo de estos edulcorantes artificiales alterando nuestra tolerancia a la glucosa.

Por su parte, el glutamato monosódico o E-621, presente en casi todo el supermercado (fideos preparados, galletas, sopas de sobre, snacks, salsas, pizzas, patés…) está también relacionado con alteraciones metabólicas y aumento de la obesidad. En este caso, se altera el control de saciedad incrementando el hambre y la sensación de hambre, a pesar de haber comido solo algunas horas antes (en otras palabras, nos incita a comer a pesar de estar llenos).  Está también relacionado con trastornos neurológicos, asma y reacciones alérgicas.

Tampoco podemos olvidar el hecho de que aunque el consumo puntual de un aditivo no nos haga daño, signifique que la suma de muchos aditivos sea igualmente inocua. Y eso es un vacío que no se recoge en ningún estudio. Porque a lo largo de un día, cualquier niño o adulto que lleve lo que hoy denominamos una dieta “normal”, puede llegar a ingerir montones de tipos de aditivos juntos, incluso en el mismo alimento (o digamos producto, para ser más correctos). Sin embargo, las recomendaciones y estudios se basan en el consumo aislado de un tipo de aditivo en concreto, sin tener en cuenta las dietas ultra procesadas actuales que contienen varios de los mismos, por tanto, ese consumo adecuado que defienden está bastante alejado de la realidad.

 

Conclusiones y reflexiones finales.

Como conclusión, me gustaría volver a la idea del principio, cuando decía que necesitamos volver a retomar una alimentación real. Necesitamos volver a descubrir los alimentos reales, y enseñárselos a nuestros hijos, a nuestros nietos. Volver a conectar con los sabores, con los olores, con las texturas, sin recurrir a sustancias añadidas.

Está claro que no todos los aditivos son malos, ni te va a pasar nada malo por tomarte una cola light de vez en cuando ni ir al burger una vez al mes (o mejor, ¡al año!). No hablamos de eso. No se trata de ir a los extremos. Se trata de buscar un equilibrio y tratar de llevar una alimentación basada en alimentos de verdad la mayor parte del tiempo. Se trata de que nuestros hijos sepan diferenciar un brócoli de una patata. Que sepan cuál es el sabor real de una fresa y que los yogures y los helados son blancos porque están hechos de leche (que casualmente es blanca también). Hay que desenganchar a nuestros hijos (y a mostros mismos) de tanta artificialidad, de tanto químico, de tanto procesado.

No sé a vosotros, pero a mi desde luego me da que pensar que hoy en día, teniendo acceso a todo como tenemos, más tecnología, más recursos… haya un despunte de enfermedades autoinmunes y metabólicas, de diabetes, de alergias e intolerancias alimentarias, de asma, de hiperactividad… Por supuesto algunos pensaréis que hay más contaminación, más sedentarismo… y no digo que no, que todo cuenta, pero… ¿no tendrá algo que ver nuestra forma de alimentarnos? ¿No tendrán algo que ver estos nuevos productos que estamos incorporando en nuestra dieta y que aún hoy en día no sabemos cómo van a afectar a nuestra calidad de vida, puesto que necesitamos todavía algunos años para producir adaptaciones?

De eso se trata y, también, de ser optimistas y pensar que todavía tenemos mucho camino por andar. A veces encuentro gente que me dice que no podemos luchar frente a la industria, que los aditivos, el azúcar, las grasas trans… están en todos lados, y que no podemos hacer nada frente a ello. Se equivocan. Esa actitud victimista no nos lleva a ningún lado como consumidores. Además de que todo el poder lo tenemos nosotros. Se puede vivir sin prescindir de alimentos artificiales y procesados (es más, se puede vivir muuuucho mejor) y, además, somos nosotros los que tenemos la sartén cogida por el mango (y nunca mejor dicho): si se siguen vendiendo productos artificiales cargaditos de aditivos es porque nosotros los compramos. ¿Qué hay que hacer para obligar a la industria a que se renueven, a que produzcan productos más sanos? Pues no comprarlos. Así de sencillo. De hecho, el gigante de Kraft® ha decidido cambiar algunos de sus colorantes alimentarios más utilizados (la tartrazina incluido, recordad, relacionados con hiperactividad en niños) por versiones naturales como la curcumina. ¿Por qué? En primer lugar, por los rumores sobre hiperactividad y colorantes y, en segundo lugar, porque sus ventas han bajado. La población, cada día más concienciada de su responsabilidad como consumidores, ha decidido dejar de comprar sus productos y exigir versiones más saludables. Veredicto: se puede. Podemos, hay que seguir luchando.

O mejor aún, no esperar siquiera que produzcan versiones más sanas. No depender de ellos, en la cocina está nuestro poder. Cuando entendamos que necesitamos bajar las revoluciones de nuestra vida y destinar un poco más de nuestro esfuerzo y nuestro tiempo a algo tan importante como la alimentación, ese día, seremos un poquito más libres y un muchito más sanos.

Y además, permitidme un último apunte. ¿Hay alimentos sin aditivos? ¡¡SÍ!! Y no hace falta gastarse un dineral ni limitar nada en tu alimentación. Aquí os dejo una infografía con algunos de los alimentos libres 100% de aditivos, por si no os lo creíais y espero vuestros comentarios aquí abajo, contándome tu opinión sobre los aditivos y si para ti es importante o no evitarlos.

Y como siempre, si te ha gustado el artículo, ¡puedes compartirlo con quien quieras! ¡No te costará nada y a nosotros nos ayudas un montón! ¡Gracias!

Artículo escrito por Cristina Borrero.  

Fuentes y enlaces para saber un poquito más:

Guía con las características fundamentales de cada aditivo

Conservantes

Conservantes y seguridad alimentaria

Listado números E

Clases funcionales de aditivos

Aditivos alimentarios

Edulcorantes

Aditivos peligrosos

Colorantes artificiales y salud (inglés)

 

Cristina Borrero es dietista, educadora nutricional y entrenadora personal. En su consulta, trata de ayudar a sus pacientes no solo a alcanzar sus objetivos, sino a aprender a alimentarse mejor a largo plazo. Entiende la salud desde una perspectiva holística, integral y evolutiva, basada en la prevención, comida “de verdad”, lo más natural posible; movimiento y actividad física a diario y manejo del estrés, para gozar de un estado de salud pleno.

Es una persona muy curiosa e inquisitiva, siempre dispuesta a continuar formándose en áreas nuevas y tratando de actualizarse constantemente.

En lo personal, le encanta la naturaleza, cocinar y la comida natural, hacer deporte y es adicta a su Fitbit!

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